LA MAGIA DEL AGUA CALIENTE

Esto sucedi√≥ unos ocho a√Īos atr√°s.
Me encontraba en el avi√≥n de Londres a Barcelona. El hombre que se sentaba a mi lado sudaba mucho y le comentaba a su amigo que no se encontraba demasiado bien. Mientras escuchaba su conversaci√≥n record√© cuando sol√≠a viajar en trenes abarrotados durante el verano en Tokyo y el fr√≠o que hac√≠a en ellos. Era f√°cil coger un resfriado agudo y presentar los s√≠ntomas que el hombre sentado a mi lado sufr√≠a. Ca√≠ en la cuenta de que mis recursos en esos momentos eran escasos para hacerle un tratamiento apropiado, pero a√ļn as√≠ decid√≠ preguntarle c√≥mo se encontraba. 
Dijo que cre√≠a estar teniendo una apoplej√≠a, cosa que descart√© despu√©s de observar sus pupilas, y le dije que no se preocupara. Consider√© que lo mejor era calentar un poco su organismo, de modo que ped√≠ a la azafata un vaso de agua caliente. Fue gracioso, puesto que ella intervino inmediatamente opinando que quiz√° lo que necesitaba era m√°s bien algo fr√≠o ¬°y propuso ponerle hielo en la nuca!  Le expliqu√© que eso podr√≠a ser lo peor para √©l, puesto que iba a exacerbar sus s√≠ntomas y, probablemente, arruinar sus vacaciones en Barcelona. 
Despu√©s de unos sorbos de agua caliente, su tez empez√≥ a recobrar color y dej√≥ de sudar. Segu√≠a sintiendo un dolor agudo en su est√≥mago, de modo que presion√© un punto de su mu√Īeca que quedaba m√°s cercana a m√≠ y el dolor cedi√≥. Me dijo que cre√≠a haber visto dos grandes puertas blancas. Le dije <<bien, realmente estamos “aqu√≠ arriba” >>. Y probablemente √©l hubiera ido al cielo, pues me result√≥ un tipo majo. Pero puesto que deb√≠amos bajar ‚Äúah√≠ abajo‚ÄĚ, fue bueno tener una charla con Lucifer, al fin y al cabo √©l es un √°ngel ca√≠do y sabe lo que sucede ‚Äúah√≠ arriba‚ÄĚ. Le dije que era el tipo de individuo con quien deber√≠amos hablar ¬°y que hay infinidad de oportunidades para pecar en Barcelona! Despu√©s de todo, ya casi al final de nuestro viaje, le recomend√© que deb√≠a evitar alimentos fr√≠os al menos durante un d√≠a y dejar de tomar esos caramelos fuertes de menta que llevaba consigo.

Illustration by Etsuko Nagahama // Photos by Harumi Urano
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